ESTUDIOS BÍBLICOS

  1. JESÚS ES INTERROGADO POR SUS DISCÍPULOS (24:1–3)
    (MR. 13:1–4; LC. 21:5–7)

24:1–3. Habiendo concluido sus discusiones y debates con los líderes religiosos, Jesús salió del templo y regresó a Betania (cf. 26:6) pasando por el monte de los Olivos (24:3). Las palabras que Jesús acababa de decir seguían repicando en los oídos de sus discípulos. El Señor había denunciado a la nación diciendo que sería “desolada” (23:38). Si Jerusalén y el templo fueren destruidos, ¿cómo habría una nación que el Mesías gobernara? Los discípulos señalaron los edificios del área del templo a Jesús como si quisieran que se impresionara con su magnificencia. ¿Qué era lo que le podía pasar a tan impresionantes construcciones, en especial al templo? La respuesta de Jesús produjo consternación en ellos: No quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. El templo sería destruido y Jerusalén con él. Esto sin embargo, motivó a los discípulos a preguntar cuándo tendría lugar tal hecho. Al llegar Jesús al monte de los Olivos en su caminata a Betania, se sentó y los discípulos se le acercaron. Cuatro discípulos, Pedro, Jacobo, Juan y Andrés (Mr. 13:3), claramente le hicieron a Jesús dos preguntas: (1) ¿Cuándo serán estas cosas …? Esto es, ¿cuándo será destruido el templo y no quedará piedra sobre piedra? (2) ¿ … Qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? Estas dos cuestiones provocaron la siguiente exposición de Jesús, comúnmente llamada el discurso del monte de los Olivos (Mt. 24–25). Las preguntas tenían que ver con la destrucción del templo y de Jerusalén y la señal de la venida del Señor al final de la era cristiana. Tales preguntas no tenían nada que ver con la iglesia que, Jesús dijo, él mismo edificaría (16:18). La iglesia no está presente en ningún sentido en los capítulos 24 y 25. Las preguntas de los discípulos tienen que ver con Jerusalén, Israel, y el regreso glorioso del Señor para establecer su reino. En realidad, Mateo no registró la respuesta de Jesús a la primera pregunta, pero Lucas sí (Lc. 21:20). Los discípulos consideraban que la destrucción de Jerusalén, de la cual había hablado Jesús, produciría el establecimiento del reino. Ellos pensaban, sin duda, en Zacarías 14:1–2. (La destrucción a que Jesús se refería en Mt. 23:38 ocurrió en 70 d.C., una destrucción diferente a la que ocurrirá al final de los tiempos según Zacarías 14).

  1. EL TIEMPO DE TRIBULACIÓN VENIDERO (24:4–26)

24:4–8 (Mr. 13:5–8; Lc. 21:8–11). Jesús empezó a describir los eventos que prepararán el escenario para su retorno glorioso y a indicar las señales que lo acompañarán. En esta sección (Mt. 24:4–8) describió la primera mitad del período de siete años que precederá a su segunda venida. A ese período se le conoce como la semana setenta de Daniel (Dn. 9:27). (Sin embargo, algunos premilenaristas sostienen que Cristo, en Mt. 24:4–8 hablaba de las señales generales de la presente era de la iglesia y que el tiempo de tribulación comienza en el v. 9. Otros sostienen que Cristo hablaba de las señales generales en vv. 4–14, y que la tribulación empieza en el v. 15). Los eventos que se describen en los vv. 4–8 corresponden en alguna manera a los siete sellos de Apocalipsis 6. (Walvoord, sin embargo, sostiene que todos los juicios de los siete sellos ocurrirán en la segunda mitad del período de siete años. V. el comentario de Ap. 6).
Ese período se caracterizará por (a) falsos Cristos (Mt. 24:4–5; cf. Ap. 6:1–2; el primer sello es el anticristo), (b) guerras y rumores de guerras (Mt. 24:6; cf. Ap. 6:3–4; el segundo sello es guerra) en el cual se levantará recíprocamente una nación contra otra en escala mundial (Mt. 24:7a), y (c) inusitados disturbios en la naturaleza que incluirán hambres (v. 7b; cf. Ap. 6:5–6; el tercer sello es hambruna; el quinto y sexto, muerte y martirio [Ap. 6:7–11]), y terremotos (Mt. 24:7b; cf. Ap. 6:12–14; el sexto sello es un terremoto). Todo esto, dijo Jesús, será principio de dolores. Así como los dolores de la mujer encinta indican que su hijo está a punto de nacer, de igual manera estos conflictos y catástrofes universales significarán que está cerca el fin de esta era intermedia entre los dos advenimientos de Cristo.
24:9–14 (Mr. 13:9–13; Lc. 21:12–19). Jesús dio inicio a sus palabras (Mt. 24:9) con un adverbio de tiempo, entonces. Precisamente en el punto que marca la mitad del período de siete años que precede a la segunda venida de Cristo, Israel comenzará a experimentar una gran aflicción. El anticristo, que detentará el poder mundial, romperá su convenio de proteger a Israel que había hecho previamente (Dn. 9:27). Desatará una gran persecución contra esa nación (Dn. 7:25) e incluso establecerá su propio centro de adoración en el templo de Jerusalén (2 Ts. 2:3–4). Esto resultará en la muerte de gran cantidad de judíos (Mt. 24:9) y muchos abandonarán su fe. Los creyentes judíos serán traicionados por los incrédulos (v. 10), y muchos serán engañados por falsos profetas que se levantarán (v. 5; Ap. 13:11–15). La maldad se habrá multiplicado y a causa de esto, el amor de muchos (por el Señor) se enfriará. El que permanezca fiel al Señor hasta el fin de ese período de tiempo, será salvo, es decir, liberado (Mt. 24:13). Esto no se refiere a un esfuerzo personal de perseverancia que resulte en la salvación eterna de la persona, sino a la liberación física de aquellos que confíen en su Salvador durante la tribulación. Los tales entrarán al reino con sus cuerpos físicos.
También será predicado este evangelio del reino en todo el mundo durante este período para testimonio a todas las naciones. Aunque este será un tiempo de terrible persecución, el Señor tendrá siervos que testificarán y propagarán las buenas nuevas acerca de Cristo y la pronta venida de su reino. Este mensaje será similar al que predicaba Juan el Bautista así como Jesús y los discípulos al principio del evangelio de Mateo, pero este mensaje claramente identificará a Jesús en su verdadero carácter del Mesías venidero. Este no es exactamente el mismo mensaje que la iglesia predica hoy. El que hoy se predica en la era de la iglesia y el que se proclamará en el período de la tribulación conmina a volverse al Señor para salvación. Sin embargo, en la tribulación el mensaje se enfocará en el reino venidero, y aquellos que se vuelvan al Señor para salvación les será permitida la entrada al reino. Aparentemente muchos responderán a ese mensaje (cf. Ap. 7:9–10).
24:15–26. (Mr. 13:14–23; Lc. 21:20–26). Habiendo presentado una breve panorámica del período entero de la tribulación previo a su retorno, Jesús luego habló de la más grande señal observable dentro de ese período, la abominación desoladora. Esta era la abominación de la que habló … Daniel (Dn. 9:27). Se refiere a la interrupción del culto judío que será reinstaurado en el templo de la tribulación (Dn. 12:11) y el establecimiento en el mismo lugar del culto al dictador mundial, el anticristo. Él profanará el templo (y por lo tanto, quedará desolado) cuando levante en el interior de éste una imagen de sí mismo para ser adorada (2 Ts. 2:4; Ap. 13:14–15). Tal evento será perfectamente reconocible por todos.
Cuando dicho evento ocurra, los que estén en Judea deberán huir a los montes. No deberán preocuparse por llevar algo con ellos o retornar del campo por sus posesiones, ni siquiera por su capa. El tiempo que siga a este evento será de gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Jer. 30:7). El pavoroso carácter del período de la tribulación no puede ser realmente captado por nadie. Fue por esto que Jesús señaló cuán difícil sería este tiempo para las que estén encintas, y … las que críen en aquellos días (Mt. 24:19). Él animó a la gente a que orase para que su huida no fuera en invierno ni en día de reposo cuando estaría restringido viajar.
Con todo, hay una nota de ánimo, porque el Señor declaró que aquellos días serían acortados (v. 22). Esto significa que se pondrá término a ese período de tiempo, no que los días serán de menos de 24 horas. Si prosiguiera indefinidamente, nadie sería salvo. Mas el período terminará por causa de los escogidos, aquellos que serán redimidos en la tribulación y entrarán en el reino. Los escogidos de la era de la iglesia ya habrán sido arrebatados antes de la tribulación. Se diseminará mucha desinformación, porque falsos Cristos harán su aparición (vv. 23–24). Todos ellos estarán predicando mensajes de salvación y realizando señales y prodigios, buscando engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. El Señor advirtió a los discípulos antes para que no se dejaran embaucar, para que supieran que él no estaría en la tierra trabajando de esa manera.

  1. LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (24:27–31)
    (MR. 13:24–27; LC. 21:25–28)

24:27–31. El Señor no estará corporalmente en la tierra en ese tiempo, pero retornará a ella. Y su venida será como el relámpago que sale del oriente … hasta el occidente; será un evento visible y esplendoroso. Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto (corrupción física), allí se juntarán las águilas. De similar forma, donde haya corrupción espiritual, habrá juicio. El mundo llegará a ser el dominio de Satanás, el anticristo, el inicuo (2 Ts. 2:8), y mucha gente será corrompida por falsos profetas (Mt. 24:24). Pero el Hijo del Hombre vendrá repentinamente a juzgar (v. 27).
Inmediatamente después de la tribulación de ese período, el Señor retornará. Su regreso estará acompañado de inusitadas manifestaciones del cielo (v. 29; cf. Is. 13:10; 34:4; Jl. 2:31; 3:15–16) y por la aparición de su “señal” en el cielo (Mt. 24:30). Por causa de la aparición de ésta, lamentarán todas las tribus de la tierra (cf. Ap. 1:7), probablemente porque se habrán dado cuenta de que el tiempo de su juicio ha llegado.
Se desconoce cuál es la señal del Hijo del Hombre. En el A.T., la señal de que la nación de Israel había sido abandonada fue que la gloria de Dios dejó el templo (Ez. 10:3, 18; 11:23). Quizá la señal del retorno del Señor incluirá otra vez su gloria visible (shekiná). Algunos creen que la señal incluirá la ciudad celestial, la nueva Jerusalén, que podría descender en ese tiempo y permanecer como una ciudad satélite suspendida arriba de la Jerusalén terrenal durante el milenio (Ap. 21:2–3). O la señal podrá ser el relámpago o el Señor mismo. Cualquiera que fuere, será visible para que todos la vean, porque el Señor regresará sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (cf. Dn. 7:13). Él enviará entonces a sus ángeles para juntar a sus escogidos de los cuatro vientos, que se refiere a la tierra (cf. Mr. 13:27), desde un extremo del cielo hasta el otro. Esto comprende la reunión de aquellos que llegarán a ser creyentes durante la semana setenta de Daniel y los que hayan sido dispersados a varias partes del mundo a causa de la persecución (cf. Mt. 24:16). Esta recolección quizá incluya a todos los santos del A.T., cuya resurrección ocurrirá en ese tiempo, de tal forma que puedan participar en el reino del Mesías (Dn. 12:2–3, 13).

  1. CONFIRMACIÓN POR PARÁBOLAS (24:32–51)

En la sección previa a este sermón (24:4–31), Jesús había hablado directamente acerca de su retorno a la tierra. Luego dio algunas aplicaciones prácticas e instrucciones a la luz de su venida. Uno debe mantener en mente que la aplicación primordial de esta sección se dirige a la generación futura que experimentará los días de la tribulación y que estará anticipando la inmediata venida del Rey en gloria. Una aplicación secundaria de este pasaje, como sucede con la mayor parte de las Escrituras, es para los creyentes de hoy que forman el cuerpo de Cristo, la iglesia. La iglesia no está contemplada en estos vv. Pero, de la misma forma que se indica al pueblo de Dios del futuro que esté preparado, vigilante y fiel, los creyentes de hoy deben también mantenerse fieles y alertas.

a. La higuera (24:32–44)
24:32–35 (Mr. 13:28–31; Lc. 21:29–33). Las palabras de Jesús, de la higuera aprended la parábola, muestran que él comenzaba a aplicar lo que había estado enseñando. Cuando la rama de la higuera comienza a estar tierna y le brotan hojas, es una señal segura de que el verano no está lejos (cf. Mt. 21:18–20). Así como la higuera es presagio del verano, así también estas señales (24:4–28) de las que Jesús venía hablando, indicaban claramente que su venida se realizaría en breve. El énfasis del Señor recae en el hecho de que es necesario que ocurran todas estas cosas. Aunque varios eventos a través de la historia se han señalado como cumplimiento de esta profecía, es claro que todas estas cosas (que pertenecen a la gran tribulación) jamás han ocurrido. El cumplimiento de todos estos eventos es aún futuro. La generación (genea) de personas que vivan en ese día futuro verá el cumplimiento de todos los eventos. Jesús no se refería a la generación que lo escuchaba entonces, porque ya había dicho que el reino había sido quitado de ese grupo (21:43). Esa generación del siglo primero experimentaría el juicio de Dios. Mas la generación que estará viviendo en el tiempo en que estas señales tengan lugar, vivirá durante ese período y verá al Señor Jesús venir como el Rey de gloria. Esta promesa es segura, porque será más fácil que el cielo y la tierra pasen a que las palabras de Cristo fallen (cf. 5:18).
24:36–41 (Mr. 13:32–33; Lc. 17:26–37). El momento preciso del retorno del Señor no puede ser calculado por nadie. Cuando Cristo expresaba estas palabras, se dijo que esa información era conocida sólo por el Padre. Es obvio que Cristo hablaba desde la condición de su conocimiento humano (cf. Lc. 2:52), no desde la posición de su divina omnisciencia. Mas el período antes de su venida será parecido a los días de Noé. La gente de ese entonces disfrutaba de las actividades normales de la vida, sin percatarse del juicio inminente. La vida seguía igual para la gente del tiempo de Noé porque estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento. Sin embargo, vino el diluvio y acabó con todos. Fue repentino y ellos no estaban preparados.
Tal como ocurrió en los días de Noé, así será antes de la gloriosa venida del Señor. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. En forma análoga a lo ocurrido en los días de Noé, los individuos que serán “tomados” son los impíos que el Señor apartará para juzgarlos (cf. Lc. 17:37). Los que serán “dejados” son creyentes que recibirán el privilegio de permanecer en la tierra para poblar corporalmente el reino de Jesús. Tal como los impíos fueron llevados por medio del juicio y Noé fue dejado en la tierra, así también los inicuos serán juzgados y eliminados cuando Cristo regrese; los justos serán dejados para que sean los súbditos de su reino.
Es claro que la iglesia, el cuerpo de Cristo, no está incluida en estas declaraciones. El Señor no estaba describiendo el arrebatamiento, porque el traslado de la iglesia no será un juicio sobre ella. Si éste fuera el rapto como algunos comentaristas afirman, tendría que ser posterior a la tribulación, ya que ésta ocurre inmediatamente antes del retorno glorioso del Señor. Pero tal hecho estaría en conflicto con otros pasajes de las Escrituras y presentaría otros problemas que no se pueden analizar aquí (cf., e.g., el comentario de 1 Ts. 4:13–18 y Ap. 3:10). La advertencia del Señor enfatiza la necesidad de prepararse, porque el juicio vendrá cuando la gente menos lo espere.
24:42–44. El Señor animó a sus discípulos diciéndoles velad … (grēgoreite, que es la misma palabra que se traduce como “velemos” en 1 Ts. 5:6) porque ellos no podían saber a qué hora ha de venir el Señor (cf. Mt. 25:13). Los límites del período de la tribulación son conocidos para Dios, porque la semana setenta de Daniel tendrá un inicio y un fin definidos. Pero la gente que viva entonces sólo conocerá en términos generales los límites de dicho tiempo. Por lo tanto, es importante estar velando. Si la persona supiera la hora aproximada en la que un ladrón irrumpirá en su casa, tomaría precauciones y se prepararía adecuadamente. De similar forma, los creyentes en la tribulación que estarán anticipando la venida del Señor en gloria, deberán estar alertas. Por las señales del fin, ellos sabrán en forma aproximada cuando regresará, pero no sabrán el tiempo exacto.

b. El siervo fiel (24:45–51)
(Mr. 13:34–37; Lc. 12:41–48)
24:45–51. La venida de Cristo será una prueba para sus siervos. Como el señor en el relato de Jesús que confió todas sus posesiones a su siervo, así Dios ha encomendado el cuidado de todas las cosas en la tierra a sus seguidores. La respuesta de los siervos indica su condición espiritual. El Señor quiere encontrar a los suyos como al primer mayordomo, cumpliendo fielmente su voluntad (vv. 45–46). Tal siervo será recompensado por su servicio fiel cuando el Señor regrese (v. 47). Pero el que no lleve a cabo su mayordomía será juzgado severamente. Éste, dando por sentado que su señor tardará en venir, se aprovecha de otros (se dedica a golpear a sus consiervos) y vive impíamente (come y bebe con los borrachos). Como la gente perversa de los días de Noé (vv. 37–39), estará ignorante del repentino juicio venidero (v. 50). No obstante, el juicio vendrá y será tratado como se trata a un hipócrita, que es precisamente lo que es el siervo infiel. Su separación resultará en su juicio eterno (el lloro y el crujir de dientes; cf. el comentario de 13:42), alejado de su señor. De similar forma, el juicio de los impíos en la segunda venida del Señor, los separará eternamente de Dios.

Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (Eds.). (1995). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 1: San Mateo, San Marcos, San Lucas (pp. 92–97). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.

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